Desde que estalló la crisis económica en 2008, la Oficina Regional para Europa de la OMS y el Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud han hecho un seguimiento de los efectos de la crisis sobre la salud mental y los sistemas de salud en Europa. El libro Economic Crisis, Health Systems and Health in Europe: impact and implications for policy recopila las conclusiones de este estudio que analizó las respuestas de los sistemas de salud europeos a la crisis desde su inicio en 2008 hasta el abandono de Irlanda del programa de ayuda económica de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional en 2013. El libro proporciona información sobre los tipos de políticas más proclives a proteger la salud, garantizar una protección financiera y mantener el rendimiento de los sistemas de salud que experimentan presión fiscal.

Resiliencia, cambios y colaboración

Es evidente que cuando la crisis comenzó, algunos sistemas estaban mejor preparados que otros para lidiar con la presión fiscal. Factores como los niveles adecuados de gasto público en salud o la voluntad política para abordar las ineficiencias ayudaron a aumentar la resiliencia y facilitaron que el país pudiera responder de manera eficaz.

Aunque estar preparado es importante, las respuestas políticas a la presión son decisivas. Aún en un contexto de austeridad, los responsables políticos tienen opciones. El abanico de respuestas demostró la capacidad de los países que hacen frente a una grave presión fiscal de introducir cambios que aseguran protección financiera y acceso a los servicios sanitarios de los grupos vulnerables de personas, fortalecen el rendimiento del sistema sanitario y aumentan la resiliencia.

Las anteriores crisis habían demostrado que los efectos negativos sobre la salud de la población y los sistemas sanitarios podían mitigarse con políticas y regulaciones oportunas. Sin embargo, esta crisis ha puesto de manifiesto que los reguladores no pueden hacerlo por sí solos. Para proteger la salud y el acceso a los servicios sanitarios, es necesaria la  colaboración con los responsables de las políticas sociales y fiscales. La política social promueve la seguridad financiera doméstica, mientras que la política fiscal permite al gobierno mantener los niveles adecuados de gasto social.

Salud mental

La salud mental ha sido el área más sensible a los cambios económicos de la crisis actual. En algunos países de la Unión Europea ha aumentado el número de suicidios, a menudo revirtiendo una tendencia descendente. Existen también indicios del incremento de la prevalencia de trastornos mentales. Mientras que los datos sugieren que el desempleo y la inseguridad financiera aumentan el riesgo de sufrir problemas de salud mental, hay una falta de pruebas contundentes que demuestren sus efectos sobre otros resultados en salud.

En líneas generales, los escasos datos disponibles indican que los efectos más importantes sobre la salud se han concentrado en aquellos que han perdido el trabajo y en los grupos más vulnerables y menos visibles de la sociedad, que incluyen migrantes, personas sin hogar y drogodependientes. Desde que la crisis empezó, destacados profesionales de la salud han subrayado los costes humanos y económicos que ha supuesto el apoyo insuficiente a las personas con problemas mentales. Han pedido redes de seguridad social más fuertes y programas activos del mercado laboral; medidas para restringir el acceso a los medios de autolesión para individuos vulnerables; expansión de programas de ayuda a las familias; y acceso universal a los servicios de salud.

La ausencia de datos actualizados sobre la morbilidad y la mortalidad a nivel europeo ha dificultado evaluar plenamente los efectos inmediatos de la crisis y las respuestas políticas en salud. El contraste con la velocidad con la que los datos económicos están disponibles es un claro indicador de donde residen las prioridades políticas.

Al llevar a cabo un seguimiento de la salud es importante ir más allá de las estadísticas nacionales. Esta crisis y otras recesiones previas han evidenciado que los efectos negativos sobre la salud se concentran en los grupos más vulnerables de personas, particularmente en las personas que han perdido su empleo, pero también en los grupos identificados anteriormente.

El alcance total del impacto de la crisis sobre la salud de la población está aún por ver. Gran parte de los datos examinados aquí están relacionados con estados de salud en los que el tiempo entre la exposición y el resultado es relativamente corto, tales como enfermedades mentales, suicidio, enfermedades infecciosas y lesiones. Sin embargo, es muy probable que haya efectos adversos adicionales sobre la salud debido al aumento de la inseguridad doméstica financiera, un acceso tardío a los servicios sanitarios y fallos en la gestión de enfermedades crónicas. Estos efectos pueden no manifestarse durante un tiempo. El estrecho seguimiento a nivel nacional e internacional es, por tanto, indispensable, así como también lo son las políticas activas para mitigar los efectos adversos.

 


Fuente: Thomson S, Figueras J, Evetovits T, Jowett M, Mladovsky P, Maresso A, Cylus J, Karanikolos M, Kluge H. Economic Crisis, Health Systems and Health in Europe.World Health Organization.2015. Disponible en: http://www.euro.who.int/__data/assets/pdf_file/0008/289610/Economic-Crisis-Health-Systems-Health-Europe-Impact-implications-policy.pdf?ua=1