Se calcula que el 20% de los adolescentes de todo el mundo tiene problemas mentales o de comportamiento, unos 93 millones de personas. Alrededor de la mitad de los trastornos mentales comienzan antes de los 14 años de edad y el 70% antes de los 24.

Los problemas de salud mental de los adolescentes acarrean unos altos costes sociales y económicos. Los factores de riesgo de los problemas de salud mental incluyen los malos tratos en la infancia; la violencia en la familia, la escuela y el vecindario; la pobreza; la exclusión social y las desiguales en materia de enseñanza. Las enfermedades psiquiátricas y la toxicomanía en los progenitores, así como la violencia marital, también aumentan la situación de riesgo de los adolescentes, como también a las alteraciones sociales y la angustia psicológica que acompañan a los conflictos armados, los desastres naturales y otras crisis humanitarias. Además, el estigma asociado con jóvenes con problemas de salud mental, y las violaciones de los derechos humanos a las que están sometidos, aumentan las consecuencias adversas.

Según la OMS, los niños y adolescentes con trastornos mentales deben ser objeto de intervenciones tempranas científicamente contrastadas de carácter no farmacológico, ya sean psicosociales o de otra índole, dispensadas desde el ámbito comunitario, evitando la institucionalización y la medicalización. Esas intervenciones deben atenerse además a los derechos que amparan a los niños con arreglo a la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y otros instrumentos internacionales y regionales de derechos humanos.

A continuación presentamos algunos datos clave sobre la salud mental en la infancia y la adolescencia.

Trastornos mentales y riesgo de suicidio

La depresión es la enfermedad que más contribuye a la carga mundial de morbilidad entre los jóvenes de 15 a 19 años de edad, y el suicidio es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 24 años. Según UNICEF unos 71.000 adolescentes cometen suicidio anualmente, y una cifra 40 veces superior lo intenta.

Según UNICEF, los retrasos del desarrollo, el autismo y otros trastornos generalizados del desarrollo se manifiestan desde los primeros meses de vida. Los problemas de comportamiento desde los dos años, los síntomas de ansiedad desde los 4-5 años o incluso antes, el consumo de sustancias desde los 11-12 años, la esquizofrenia con características similares a la del adulto desde los 14-15 años y la depresión desde los 5-6 años.

El desconocimiento de las madres y de los padres

En Reino Unido, el 70% de los niños y adolescentes con un problema de salud mental no han recibido atención precoz en una edad más temprana. Entre las distintas barreras en el acceso a la atención en salud mental de los jóvenes  – personales, geográficas, económicas y del propio sistema de salud- cabe destacar el rol que juega los padres y las madres en el acceso de sus hijos a la salud. Según datos de una encuesta de MindEd realizada en 2015 en el Reino Unido recoge que el 38% de los adultos no conoce los signos ni los síntomas que deben tener en cuenta para evaluar la salud mental de sus hijos.

Maltrato infantil

Se calcula que entre el 70 y el 80 % de los niños que sufre este tipo de maltrato acaban desarrollando un trastorno mental.  Un porcentaje preocupante ya que, por ejemplo en España, se estima que dos de cada  diez alumnos de Primaria y Secundaria es víctima de bullying.

Falta de psiquiatras infanto-juveniles

Aunque la mitad de los trastornos se desarrolla antes de los 14 años y que alrededor del 20% de niños y adolescentes tienen un problema de salud mental, la mayoría de los países de renta media y baja solo cuenta con un psiquiatra infanto-juvenil para entre 1 y 4 millones de personas.

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El impacto de la pobreza 

Los niños y las niñas que viven en condiciones de pobreza en las ciudades experimentan niveles de depresión y angustia más altos que el promedio de la población urbana. Varios estudios han señalado que los problemas de salud mental durante la infancia y la adolescencia pueden afectar seriamente el crecimiento y el desarrollo, el rendimiento escolar y las relaciones familiares y en las amistades, además de incrementar el riesgo de suicidio. También hay que destacar el estigma de los niños a ser vistos como hijos de los más pobres y marginados.

Malnutrición 

Según UNICEF, en todo el mundo se estima que 165 niños y niñas menores de 5 años padecen retraso en el crecimiento o padecen desnutrición crónica. Entre ellos, más de 100 millones tienen un peso inferior a la media. Una alimentación insuficiente o una dieta desequilibrada en la que escaseen determinadas vitaminas y minerales pueden hacer que los bebés y los niños sean vulnerables a dolencias específicas o a infecciones que podrían derivar en discapacidades físicas, sensoriales o intelectuales.

 


Fuentes:

La Vanguardia, Mental Health Foundation, MindEd, NHS, The Lancet, OMS, UNICEF.

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