Entrevistamos a Chris Naylor, investigador principal The King’s Fund, una organización sin ánimo de lucro que trabaja para mejorar la atención en salud en el Reino Unido. Recientemente ha participado en la elaboración del informe “Bringing together physical and mental health: a new frontier for integrated care” (Marzo, 2016). El informe explora la tercera dimensión de la integración, mencionada en la estrategia del National Health Service “Five-year forward view”, para agrupar la salud física y la salud mental.

  1. Existe la evidencia que separar la salud física de la salud mental no es económicamente asequible tanto para los gobiernos como para los sistemas de salud. Sin embargo, ¿En qué punto se encuentra el Reino Unido o Europa en la implementación de una integración plena del sistema de salud?

Se ha puesto mucha atención a la integración de diferentes partes de los sistemas. Se ha hecho mucho en la integración de la salud y los servicios sociales y también en la integración de la atención primaria con la atención especializada. Sin embargo, respecto a la integración de la salud física y la salud mentales algo de sentido común para mucha gente pero que no ha recibido el interés suficiente desde la esfera política. Creo que, parcialmente, es fruto de la cultura. Tendemos a ver  al cuerpo y a la mente como entes diferentes. En el ámbito médico, la psiquiatría está a menudo separada del resto de las especialidades médicas. Hay culturas profesionales muy diferentes en estas dos comunidades.

  1. A parte de la cultura, ¿Qué otras barreras existen para la implementación de un modelo de atención integrada en salud?

Hay actitudes estigmatizantes de la sociedad hacia las personas con un trastorno mental. Si viéramos la atención en salud mental como una parte más de la rutina de los servicios de salud, y si incluso no la llamásemos salud mental, entonces el estigma desaparecería.

La salud mental es entendida como algo diferente a la salud física. Hay un cierto grado de miedo alrededor de las enfermedades mentales que crean, en consecuencia, muchos efectos. Una de las consecuencias es que los pacientes no siempre hablan libremente de los aspectos psicológicos de la salud. Por ejemplo, se sienten angustiados para hablar sobre su depresión por temor a ser juzgados o ser dejados u un lado. Otra consecuencia del estigma es que la gente no siempre busca ayuda para atender los efectos psicológicos de sus enfermedades. Además, los profesionales de salud mental se les consideran a veces como profesionales “de segunda” dentro del sistema de salud.

Desde mi punto de vista está manera de ver las cosas es una manifestación de creencias estigmatizantes que existen en la salud mental. También hay barreras técnicas e institucionales.

  1. En el informe de The King’s Fund “Bringing together physical and mental health: a new frontier for integrated care”, se definen diez prioridades para la integración de la salud física y la salud mental y en donde la atención primaria juega un papel importante. ¡Cómo se podría fortalecer la atención primaria para que ofrezca una mejor atención a las personas con un trastorno mental grave?

En la atención primaria es donde se atienden la mayoría de los problemas de salud y hay mucha variedad en el grado de efectividad de la atención en salud mental ofrecida en la atención primaria. Hay tres áreas en las que podemos ver mejoras. En primer lugar, encontramos con el tema de quién atiende la salud física de las personas con trastornos mentales graves, que a menudo es pobre y, a veces, fruto de los efectos secundarios de la teràpia farmacològica para tratar la enfermedad mental. Sucede algo parecido a una disputa entre médicos de atención primaria y los psiquiatras sobre quién es el responsable de la salud física de estos pacientes.

Yo creo que ambos profesionales tienen parte de responsabilidad en la mejora de la salud física de los pacientes con un trastorno mental grave, por ejemplo, en garantizar que los pacientes reciben un chequeo anual donde se analizan los problemas físicos. En segundo lugar,  se ha avanzado en los modelos colaborativos en salud que otorga a la atención primaria un rol más extenso en la gestión de la depresión o de la ansiedad, y se trabaja estrechamente con los profesionales de salud mental del centro de atención primaria.

En tercer lugar, está la relación con los síntomas médicamente inexplicables y los síntomas físicos que no tienen una causa orgánica identificada. Los médicos de cabecera reciben formación para tratar a este tipo de pacientes de manera efectiva ya que a menudo están mal gestionados por los sistemas de salud.

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  1. Más formación sería necesaria para un sistema de salud completamente integrado…

 Más formación es necesaria y mensajes más claros desde el personal directivo de atención primaria sobre la salud mental. Si miramos a instituciones como Intermountain en Estados Unidos, allí se gestionan de manera integrada los servicios de salud mental en atención primaria de forma efectiva en los últimos 15 años. Una de las cosas absolutamente esenciales de este éxito ha sido gracias a los mensajes consistentes difundidos desde la dirección del centro que decían “la salud mental es un componente más de la atención en salud y es parte de la atención primaria”.  Por tanto, este tipo de mensajes y la formación a personal médico y no médico es importante. Compartir las instalaciones no es suficiente, es necesario trabajar conjuntamente a través de interconsultas o espacios para el aprendizaje entre profesionales.

  1. ¿Cómo se podrían ampliar las buenas práctica de iniciativas de integración que surgen a nivel local a una escala regional o nacional?

En el Reino Unido tenemos unas áreas en el país llamadas “vanguard” sites que consisten en la implementación de distintos modelos de integración a nivel local que se evalúan con la intención de replicar y ampliar de forma rápida la cobertura de aquellas iniciativas que han resultado ser más eficaces. Políticamente, el objetivo es que en 2020 la mitad o más del territorio esté cubierto con nuevos modelos de integración en salud. En este sentido existen dos estrategias, la estrategia del NHS de salud para los próximos cinco años, y otra para la salud mental que se lanzó a principios de año para el periodo de 2016 a 2020. Esta estrategia habla de la reconexión de la salud mental con el resto del sistema de salud. No es cuestión de que sean solo los profesionales de salud mental quienes lideren el cambio, es cosa de todos porque lo que vemos a menudo es que estos profesionales están ya entusiasmados con esta agenda, pero esta necesidad se ve menos en los otros ámbitos. Así que, si tenemos que ir a buen puerto con esta agenda, necesitamos voces más allá de los profesionales de salud mental, gerentes de hospitales, médicos de cabecera, etc. En definitiva, se necesita a todo el sistema para conseguir esta integración.