No se ha valorado suficientemente la necesidad de la empatía y de la gestión de las emociones de los profesionales médicos en el cuidado de sus pacientes.

La profesión médica, y en general todas las que se ocupan de la atención a las personas, requiere que los profesionales sean tanto competentes clínicamente como empáticos con el paciente. Sin embargo, hay que aceptar que ser técnico, metódico, racional, separar el trabajo de las emociones y evitar empatizar con las emociones de los pacientes es la tónica habitual en la profesión.

En realidad, parece que los médicos reciban formación de cómo mantenerse al margen de sus emociones en el trabajo y de no empatizar con las de sus pacientes. Se perpetúa así el ideal de profesional técnico y frío que está sujeto a diario de situaciones de estrés, de mucha carga de trabajo y limitado a un tiempo determinado por paciente.

Expresar emociones en la práctica médica se considera a menudo como poco profesional, así que muchos profesionales aprenden a ignorar sus propias emociones. Este contexto no ayuda al desarrollo de la empatía con el paciente. Aunque un cierto grado de distancia es fundamental, los autores destacan que poner siempre una barrera a las emociones puede tener consecuencias serias tanto para los médicos como para los pacientes. Además, en situaciones de estrés quienes adoptan este tipo de comportamientos tienen más probabilidades de sufrir una depresión o el síndrome del burnout que aquellos médicos que empatizan y muestran sus emociones.

La habilidad de empatizar, de ponerse en la posición del otro, presupone un alto nivel de conciencia de las propias emociones. Para desarrollar esta capacidad, el artículo subraya la necesidad de ayudar a los profesionales médicos. Este apoyo puede traducirse en grupos de discusión entre profesionales para compartir experiencias y emociones, cursos para trabajar la salud emocional y tomar conciencia de ella, y la autoreflexión. También es importante, según los autores, que en los centros de trabajo se cuestione la percepción existente de que expresar las emociones en el ámbito médico es negativo. Hace falta también mejorar las condiciones laborales de los profesionales para que puedan utilizar estos recursos. Además, la empatía no solo debe ser cosa de los médicos como personas, sino que también debe ser promovida institucionalmente por el conjunto de la profesión.


Fuente: Kerasidou, A.Making space for empathy: supporting doctors in the emotional labour of clinical care. BMC Medical Ethics, 2016. Disponible en: http://bmcmedethics.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12910-016-0091-7