En el Reino Unido se invierte en investigación en salud mental 115 millones de libras, lo equivalente a un gasto de 9,7 libras en cada persona con algún trastorno mental. Estas cifras contrastan con la investigación en enfermedades físicas como el cáncer, en donde se invierte 150 veces más en investigación, unas 1.571 libras por paciente. Además, analizando condiciones psiquiátricas más específicas, la inversión en investigación en depresión cae a las 1,55 libras o a 15 céntimos por persona aquejada con algún trastorno del comportamiento alimentario.

Y sin embargo, cada año, en Reino Unido una de cada cuatro personas padece algún trastorno mental, lo equivalente a casi 15 millones de personas. Las personas con enfermedades mentales agudas tienen una esperanza de vida 20 años inferior a la media de la población británica.

El gobierno y la sociedad civil están intentando revertir la situación y mejorar las actitudes de la población frente a la estigmatización. Sin embargo, preocupa que tres cuartas partes de las personas con algún trastorne mental no siguen ningún tratamiento. Otras  causas que pueden explicar este dato son las dificultades de acceso al tratamiento, las largas listas de espera y la falta de efectividad y/o aceptabilidad de muchos tratamientos.

La escasa inversión en salud mental se debe también a la falta de fondos procedentes de entidades filantrópicas. En el Reino Unido, por cada libra invertida por el gobierno en investigación en salud mental, la sociedad británica dona menos de medio céntimo, mientras que a la investigación en el cáncer, además de la inversión pública, cada ciudadano británico dona el equivalente a 2.75 libras.

Paralelamente a la ayuda del gobierno, muchos equipos de investigación se sustentan gracias a la financiación de fundaciones y entidades filantrópicas. Varias de ellas han sido claves en avances en el tratamiento y la prevención de muchas enfermedades.

Otra de las causas analizadas por MQ: Transforming mental health es el rol de las compañías farmacéuticas en el desarrollo de nuevos fármacos para el tratamiento de enfermedades mentales. Desde los años noventa del siglo pasado con la aparición de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRSs), no ha habido ningún avance farmacéutico significativo. Algunas de ellas están dejando de desarrollar nuevos medicamentos y otras incluso dejan en standby posibles avances potenciales. Ello es debido, en gran parte, a la percepción de carencia de soluciones debido a los numerosos resultados fallidos en las etapas más avanzadas de las investigaciones y también a una falta de biomarcadores y de competencia con otras áreas como el Alzheimer y la oncología.

 


Fuente: Dix S. Filling the gap in mental health research. The Pharmaceutical Journal. 2015. Available at: http://www.pharmaceutical-journal.com/20200022.article