Actualmente crece la apreciación de la importancia de la flora intestinal en la salud y las enfermedades. Estudios recientes han demostrado la relación entre la flora intestinal y enfermedades comunes como la obesidad. Más allá de lo físico, el rol que tiene en el funcionamiento cerebral, el comportamiento y en la salud mental ha suscitado el interés de neurocientíficos y los psiquiatras.

El artículo presenta un resumen de las presentaciones del pasado año en el simposio de “flora intestinal y función cerebral, comportamiento y enfermedad” en Vancouver, Canadá. Hoy hay un reconocimiento creciente sobre rol de la microbioma en la determinación del comportamiento. De hecho, se ha comprobado su influencia en el desarrollo del cerebro durante el crecimiento de los niños.

La comunicación de la flora intestinal con el cerebro, referida como eje cerebro-flora intestinal, representa un nuevo eje biológico sobre el que las nuevas terapias basadas en la alimentación se pueden basar para influir en el comportamiento. Muchos estudios sobre los mecanismos en los que los microbios pueden influir en el comportamiento han llegado a la conclusión que dichos mecanismos involucran el sistema inmunológico en una cierta medida. La atención de los científicos está ahora en los mecanismos de la comunicación cerebro-flora intestinal donde el sistema inmunológico no interviene. Un estudio publicado en 2012 en el American Journal of Physiology establece que la microflora es capaz de producir in situ grandes cantidades de hormonas dopaina y norepinefrina biológicamente activas en el sistema endocrino que afectan la neurofisiología.

Dado que esta bacteria es prolífica en la producción de hormonas neuroendocrinas, se puede concluir que esta producción bacterial de componentes neuroactivos en el lumen del intestino podría influir en receptores neuronales específicos. En la mayoría de estudios se emplea una bacteria probiótica como Lactobacillus o Bifidobaterium que producen altas cantidades de neuroquímicos para mecanismos neuronales definidos que podrían modular el comportamiento. En un estudio de 2011 se observaba la reducción de la probabilidad de ansiedad y de depresión en ratones alimentados con una cepa probiotica, L. rhamnosus. Aunque el estudio no cuantificaba el volumen de GABA producido por la administración de la cepa probiotica, se demostró que el mecanismo a través de un receptor GABA evidenciaba la capacidad de la bacteria de influenciar el comportamiento a través de una ruta neuroquímica mediada.

Hoy en día, los estudios se centran en los estudios con personas y de cómo la microflora influye en enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad, el autismo o enfermedades neuronales como la esclerosis múltiple, el Alzheimer o el Párkinson. Un estudio reciente mostraba como la ingesta probiótica afectaba el funcionamiento del cerebro en mujeres sanas. El estudio, de cuatro semanas de duración, del consumo del probiótico mostro una reducción en la respuesta de la red cerebral extensiva a tarea de reconocimiento emocional.

 A pesar de los estudios recientes, el artículo subraya la existencia de preguntas aún abiertas por resolver cómo la manera en la que la microflora envía señales al cerebro. Los estudios están aun en una fase muy inicial para definir el cómo la flora afecta el comportamiento. Otro aspecto que se está estudiando es el de esclarecer los componentes individuales de las bacterias que influyen en los efectos de las mismas. A ello ayudarán los avances en el campo emergente de la metobolómica para entender mejor las cascadas de señales de las bacterias.

Finalmente, como la mayoría de estudios se han experimentado en roedores, más estudios en humanos son necesarios para determinar si intervenciones o tratamientos con bacterias pueden tener efectos positivos en salud mental, el llamado efecto psicobiótico. Algunos estudios preliminares se han basado en manipular la composición de la microflora en la depresión o el autismo, ahora es momento  de un análisis comprensivo de la microflora en otros trastornos como la esquizofrenia, ansiedad, adicciones y trastornos alimentarios, para determinar si estos cambios probióticos tienen alguna relación causal con la sintomatología psiquiátrica.

 


 

Fuente: Foster JA, Lyte M, Meyer E, Cryan JF. Gut microbiota and brain function: An evolving field in neuroscience. 2015. Disponible en: http://ijnp.oxfordjournals.org/content/early/2015/11/17/ijnp.pyv114