El abuso de alcohol es uno de los factores de mayor riesgo para la salud y una de las principales causas de mortalidad y morbilidad. A pesar de ello, en Italia solo una de cada diez personas con trastorno de abuso de alcohol reciben atención terapéutica y una rehabilitación específica.

La reducción del consumo de alcohol requiere una estrecha colaboración entre los médicos de cabecera, psiquiatras, grupos de alcohólicos anónimos y servicios especializados en la atención de la adicción. Una dificultad evidente es el acceso limitado al tratamiento dada la falta de intervenciones directas adecuadas. Cuando el paciente accede al tratamiento, el problema es entonces su adecuación al mismo.

El artículo enumera tres principales factores para abordar el bajo porcentaje en el acceso al tratamiento de personas con trastorno de abuso de alcohol: factores culturales, factores derivados a la organización del servicio y factores relativos a los programas de tratamiento.

Que el paciente se resista a acceder al tratamiento es la consecuencia del estigma social y personal de uno mismo que existe sobre la adicción al alcohol. El estigma social acostumbra a asociar a una persona alcohólica con una persona que no es socialmente aceptada, marginada y que tiene una adicción incurable. Además, este estigma se alimenta con la percepción extendida de que los centros de tratamiento para dependientes son espacios marginales y de delincuencia. Para superar este estigma se debe entender que el trastorno por abuso de alcohol es un “accidente” que le puede ocurrir a todo el mundo por llevar ritmo de vida de riesgo o derivado por el paso por momentos traumáticos. El estigma entorno a los centros de drogodependientes es, según el artículo, más difícil de combatir, ya que estos centros a menudo se encuentran en zonas geográficamente degradadas.  El artículo señala también que los pacientes con este trastorno solo pueden acceder a los centros de drogodependientes y de psiquiatría de su área de residencia.

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Entre los factores organizacionales que dificultan el acceso al tratamiento destaca  la distribución y la disponibilidad del tratamiento y se muestra el ejemplo de las diferencias territoriales norte-sur de Italia que afectan al acceso al tratamiento. El artículo puntualiza también la falta o la ausencia total de intervenciones directas de primera línea llevadas a cabo por los médicos de atención primaria y especialistas y que son claves para una gestión eficaz de cualquier problema epidemiológico importante comparable con el de trastorno de abuso de alcohol. Otro aspecto fundamental para facilitar la continuidad del tratamiento es la relación establecida con el paciente, para reducir el riesgo de un abandono temprano del mismo.

Integración de intervenciones psicosociales y farmacológicas

Para mejorar los índices del acceso al tratamiento de personas con trastornos por abuso de alcohol el artículo apuesta por la integración de dos tipos de intervenciones: las psicosociales y las farmacológicas.

En el área psicosocial el enfoque de la reducción de daños incluye un conjunto de intervenciones preventivas, sanitarias y sociales, que tienen por finalidad minimizar los riesgos por el abuso de alcohol. Quienes apuestan por este tipo de intervenciones las justifican con el hecho de que otorgan una oportunidad al paciente de mejorar su salud reduciendo prácticas de riesgo en el abuso del alcohol. Los más críticos afirman que este tipo de intervenciones son ineficaces al no abordar la fisiopatología de la enfermedad.

En el ámbito farmacológico, a día de hoy, existen fármacos como los opiáceos antagonistas que contribuyen a la reducción del daño en el alcoholismo, especialmente si se cuenta con un apoyo psicosocial. Desde esta opción terapéutica, la reducción del consumo de alcohol se considera un objetivo en sí mismo y, en todo caso, previo a la abstinencia. Por eso, el tratamiento se debe continuar hasta conseguir el objetivo final. La reducción del consumo de alcohol tiene un impacto positivo inmediato en personas en riesgo de trastorno por abuso de alcohol. Mejora los problemas del sueño, los cambios de humor, la tensión arterial y la nutrición, así como también se reduce el riesgo de padecer cirrosis, cáncer, problemas cardiovasculares, osteoporosis o pancreatitis.

En ambos tipos de intervenciones, el médico de familia tiene un importante rol en la evaluación del estilo de vida de los pacientes y en la prevención y la detección temprana del riesgo por abuso de alcohol de los pacientes.  En el tratamiento  de personas con trastornos de abuso de sustancias se debe apostar por la integración del enfoque psicosocial con el farmacológico, eliminando barreras y prejuicios sociales, con el objetivo de dirigir al paciente hacia una abstinencia absoluta.

 


Fuente: Maremmani I, Cibin M, Pani PP, Rossi A, Turchetti G. Harm Reduction as “Continuum Care” in Alcohol Abuse Disorder. International Journal of Environmental Research and Public Health. Noviembre 2015. Disponible en: http://www.mdpi.com/1660-4601/12/11/14828/htm