SANE Australia es una organización benéfica que promueve el bienestar de las personas que padecen enfermedades mentales a través de la educación, la investigación aplicada y la mejora de los servicios. El centro de ayuda SANE proporciona información y apoyo por vía telefónica u online para gestionar los problemas de salud mental. Los individuos afectados no son los únicos beneficiarios de estos servicios, también las personas de su entorno tienen a su disposición recursos que pueden consultar.

Algunas personas presentan signos de una enfermedad mental, pero no quieren pedir ayuda. Otras, a pesar de tener el diagnóstico, también rechazan seguir un tratamiento y recibir apoyo. Las razones son múltiples. El estigma que rodea a las enfermedades mentales es, en muchas ocasiones, el origen de estas actitudes. Otra de las causas puede ser la propia enfermedad. Los síntomas de una enfermedad psicótica como la esquizofrenia implican alucinaciones, paranoia y perturbación que pueden llevar a la persona afectada a desconfiar de los demás y creer que no padece ninguna enfermedad. Hay quienes, por el contrario, aceptan la enfermedad, pero no quieren tomar la medicación por sus efectos secundarios.

Independientemente de la razón, cuanto más tiempo pasa la persona sin recibir tratamiento, mayor es su sufrimiento y más difícil, su recuperación. Los amigos y la familia sufren las consecuencias de esta situación. Sin embargo, también pueden motivar a la persona afectada a cambiarla. SANE proporciona pautas para hablar con la persona y animarla a recibir tratamiento por voluntad propia.

En primer lugar, es fundamental elegir un momento y un lugar adecuados para mantener una conversación. Antes de hablar, es una buena idea planear aquello que se quiere decir, pero también estar preparado para ser flexible. Se puede empezar preguntando a la persona afectada si es un buen momento para hablar o si desea hacerlo más tarde. Un tono de voz tranquilo evitará exaltaciones. La conversación debe centrarse en la ayuda práctica partiendo de los cambios que ha experimentado la persona afectada. Es mejor hablar de síntomas que de trastorno, pues el estigma asociado a los trastornos mentales puede llevar a la persona afectada a rechazar cualquier tipo de ayuda. Ser paciente es importante, la conversación puede alargarse y la persona afectada necesitará un tiempo para procesar toda la información. Las soluciones no necesitan ser inmediatas, se trata de un proceso lento y difícil. Además de hablar, también es necesario escuchar. Dar espacio a la otra persona para expresarse permite entender mejor su postura. Se le puede ofrecer pedir cita por ella y, si lo desea, acompañarla. De esta manera, se sentirá más apoyada.

Puede ser que la persona continúe sin reconocer el problema y sin querer ver a un especialista en salud mental. En este caso, es necesario averiguar el porqué. Si se sabe cuál es el motivo de su preocupación, se puede trabajar conjuntamente para encontrar una solución.

El primer intento de hablar no siempre tiene éxito. Pero si se transmite a la otra persona la necesidad de buscar ayuda, es más probable que acuda a quien no le ha juzgado cuando decida ver a un especialista.

La situación puede sobrepasar a los familiares y amigos preocupados por la persona que padece un trastorno mental. Se puede trabajar con un médico para elaborar un plan. Este puede acudir al domicilio de la persona afectada para realizar el diagnóstico o dar las herramientas al familiar o amigo para conseguir ayuda. Los servicios de salud mental deberían disponer de líneas telefónicas de ayuda para gestionar este tipo de situaciones.


Fuente: https://www.sane.org/families-carers/39-refusing-treatment