El gobierno de Sudáfrica dispone de un nuevo marco político que respada a la integración de la salud mental en la atención primaria. A pesar de los grandes avances en este terreno –y del mejor posicionamiento respecto de otros países de África–, la transformación del sistema sanitario hacia un sistema mucho más integrado por lo que se refiere a la salud mental es difícil de garantizar a causa de la distribución ineficiente y poco equitativa de los recursos del país. En este sentido, hay que reforzar la robustez del sistema sanitario, mejorar la gobernanza y aumentar la capacidad de encontrar recursos; todo ello, para asegurar que estos imperativos políticos se acaben implementando. Un estudio publicado en el International Journal of Mental Health Systems (IJMHS) identifica las estrategias para que la gobernanza del sistema sanitario de Sudáfrica sea más eficiente por lo respecta a la integración de la salud mental.

Como muchos otros países, Sudáfrica cada vez tiene más ciudadanos que sufren enfermedades crónicas (dentro de las cuales se incluyen los trastornos mentales); enfermedades de salud física y salud mental que a menudo coexisten y que tienen una relación bidireccional. Para resolver este problema en el año 2002 se adoptó la Mental Health Care Act, un paso importante para abordar el tema de la salud mental como un problema de salud pública. Más adelante, en el año 2013, el gobierno de país aprobó el Mental Health Policy Framework (MHPF) y el Plan Estratégico 2013-2020, en linea con el plan Mental Health Action de la World Health Organization (WHO). El MHPF ha sido considerado por los expertos como la primera política de salud mental oficial desarrollada en Sudáfrica y se ha convertido en una herramienta muy importante para ayudar a implementar la Mental Health Care Act. A pesar de los avances hacia una atención más descentralizada, sobre todo por lo que ser refiere a la atención secundaria, el sistema de atención mental integrado en la atención primaria sigue siendo deficitario.

Un estudio del International Journal of Mental Health Systems (IJMHS), que forma parte de la acción del programa EMERALD (sistemas de salud mental emergentes en países de ingresos bajos o medios), identificó los factores sistémicos, en un contexto institucional y político, que facilitaban o dificultaban la implementación de la atención de salud mental integrada. Para llevar a cabo el estudio se realizaron entrevistas cualitativas a 17 responsables del departamento de Sanidad y del departamento de Desarrollo Social de Sudáfrica, tanto a nivel nacional, como a nivel provincial (a la North West Province) y a nivel de distrito (en el distrito del Dr. Kenneth Kaunda). Se pretendía analizar el sistema sanitario desde la base de la prestación de servicios, la infraestructura, los medicamentos y la tecnología, la información, los recursos humanos y la financiación. Y para valorar esas diferentes dimensiones del sistema sanitario se llevó a cabo un análisis desde diferentes enfoques: visión estratégica, participación y consenso, estado de derecho, transparencia, capacidad de respuesta, equidad, efectividad y eficiencia, inteligencia e información, responsabilidad y ética.

La aplicación del marco analítico para evaluar la gobernanza del sistema de salud mental reveló algunos elementos positivos pero también algunos puntos débiles (sobre los que se debería actuar). Uno de los principales retos para mejorar la gobernanza es el de fortalecer los recursos humanos y la infraestructura del sistema sanitario. En este sentido, los principales puntos débiles eran la dirección estratégica, la capacidad de respuesta hacia la integración, la efectividad y eficiencia, y la participación y consenso. Se observó que estos factores se manifestaban en una baja priorización y estigma de la enfermedad de salud mental, poca capacidad de gestión y planificación en el desarrollo e implementación de planes de atención de salud mental a nivel provincial y de distrito, poca capacitación previa de los médicos generalistas en la atención de la salud mental, mala orientación hacia una atención integrada, alta rotación del personal, poca coordinación intersectorial, limitaciones en la infraestructura y, finalmente, inexistencia de presupuestos específicos sobre salud mental.

Por otro lado, el plan de acción nacional y el marco de las políticas de salud mental permitieron incluir algunos factores que facilitaban una atención más integrada a través de un modelo de tareas compartidas, unas políticas que establecían equipos de salud mental en los distritos y que permitían la implementación de los planes de atención de salud mental, el despliegue de una plataforma integrada de prestación de servicios a enfermos crónicos que tenía por objetivo incrementar el acceso a recursos y reducir el estigma, y el fomento de la acción de las ONG para que dieran apoyo en la prestación de servicios. No obstante, un sistema sanitario débil y una gobernanza también débil complican la implementación de estas políticas así como la prestación de servicios que tengan una buena relación coste-efectividad en la atención de la salud mental. Por eso, es necesario capacitar a los profesionales del sistema sanitario, mejorar la coordinación y colaboración en la prestación de servicios, la comunicación con los agentes implicados, la formación y supervisión, la infraestructura, agilizar los sistemas de suministro de fármacos y los protocolos de tratamiento, implementar sistemas de mejora de la calidad, mejorar los indicadores de salud mental en el sistema de información de la salud y realizar campañas de concienciación.