Si tecleamos la palabra “depresión” en el mercado de aplicaciones de nuestro móvil aparecerán decenas de apps sobre el diagnostico, el apoyo, el seguimiento de comportamientos, etc. También hay muchas aplicaciones para combatir la ansiedad, la esquizofrenia o los trastornos por estrés postraumático. Casi el 6% de todas las aplicaciones móviles de salud se centran en problemas relacionados con la salud mental.

Las aplicaciones de mHealth pueden facilitar el acceso a la atención de miles de personas. Gracias a la ubicuidad  de los smartphones se puede acceder a un terapeuta o a la información de trastornos mentales con tan solo un clic. Además, en el Plan de Acción de Salud Mental 2013-2020 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda “la promoción del autocuidado a través de dispositivos electrónicos y móviles”.

Sin embargo, hay discrepancias sobre su seguridad, validez y calidad terapéutica. Muchas de estas apps son analizadas por expertos que evalúan su idoneidad en enfermedades como la psicosis, la depresión, la ansiedad o las adicciones. Hay estudios que muestran que algunas apps pueden contribuir a pronosticar cambios en ciertos síntomas, como la reducción del volumen y de la frecuencia de envío de mensajes que podría sugerir un agravamiento de la depresión de un usuario.

Muchos estudios sobre la eficacia de las apps se limitan a estudios pilotos y los ensayos aleatorios acostumbran a tener una muestra pequeña. A menudo, estos estudios están dirigidos por los mismos desarrolladores de las aplicaciones móviles y no por investigadores independientes. La autora subraya que el apoyo y el tratamiento que ofrecen estas apps se deberían tratar como cualquier otra intervención clínica y con el mismo respeto hacia el usuario que tendríamos hacia una persona que visita un centro médico.

Además, la regulación de estas soluciones es bastante opaca. Por eso, el artículo sugiere que aquellas apps diseñadas para utilizarse en el ámbito clínico se deberían considerar como tales y regularse a través de las agencias evaluadoras de medicamentos y productos sanitarios de cada país. No obstante, el artículo recoge también buenas prácticas para acreditar la validez médica de las aplicaciones. Un ejemplo se encuentra en Estado Unidos: entre 2013 y 2015 el número de ensayos de apps de salud registradas en el organismo estatal de ensayos clínicos se dobló, y el número de ensayos específicos en salud mental aumentó en un 32%, según un estudio del Institute for Health Informatics de Nova Jersey.


Fuente: Anthes E. Mental health: There’s an app for that. Nature, 6 de abril de 2016. Disponible en:http://www.nature.com/news/mental-health-there-s-an-app-for-that-1.19694?WT.mc_id=TWT_NatureNews