La atención separada de la atención física respecto a la salud mental y su gestión en dos sistemas de atención diferentes ha sido reconocido como un error llevado a cabo durante décadas. El progreso hacia una integración en la atención en salud ha sido lento y cuestionado por motivos históricos, culturales y obstaculizado por barreras institucionales.

El cambio de este enfoque y la revisión de las prácticas y servicios de atención supone una oportunidad para mejorar la salud y la atención así como una mayor eficiencia en el gasto sanitario. Con el progreso para la provisión de una integración en salud, también evoluciona el léxico y los términos que la acompañan. El término integración de la atención en salud se emplea para definir la prestación de la atención por un equipo de profesionales de atención primaria y de expertos en salud mental, que trabajan conjuntamente con los pacientes y sus familias, y que utilizan un enfoque sistemático y económicamente asequible para una atención en salud física y mental centrada en el paciente.

Un gran segmento de la población con problemas en salud mental está a la espera de que profesionales de la salud trabajen conjuntamente para atender a sus necesidades. Afortunadamente, hay iniciativas de base comunitaria que han asumido el reto como la Advancing Care Together (ACT) y la Integrated Workforce Study (IWS). Ambas iniciativas y otros estudios comparativos recogidos en el artículo señalan una serie de buenas prácticas sobre lo que significa la implementación de una atención integrada, teniendo en cuenta la variedad de realidades sociales y demográficas que existen. Estos estudios están dirigidos principalmente para los profesionales que quieran mejorar la atención a personas con problemas somáticos y mentales de manera conjunta. Se añaden también descripciones y observaciones sobre el número de elementos clave para ampliar los marcos donde la atención integrada se ha establecido y se implementa en los centros de salud.

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Se subrayan también cómo factores estructurales del tipo del diseño de un centro de salud puede impedir una plena atención integral y se presentan recomendaciones para remodelar o transformar el espacio desde cero. Otros autores identifican media docena de casos donde los profesionales en salud mental y de atención primaria no presentaban una formación completa para implementar este nuevo enfoque. Por ello se emplaza a las universidades a mejorar la preparación de los futuros graduado hacia una salud mental integrada. En otro apunte, una autora puntualiza la necesidad de superar las limitaciones en la recolección de datos y en el intercambio de información para que este enfoque sea posible.

El artículo también señala que, dependiendo del contexto, cada enfoque de una atención integrada puede mostrarse y entenderse de manera distinta en cada centro de salud. En suma, el artículo recoge una serie de buenas prácticas que muestran cómo la integración en la atención de la salud mental con la salud física se puede implementar en la atención primaria. Este enfoque se impondrá y se convertirá en una práctica estandarizada, pero la pregunta es: ¿cuándo llegará ese día?

 


 

Fuente: Green LA, Cifuentes M.Advancing Care Together by Integrating Primary Care and Behavioral Health. Journal of the American Board of Family Medicine. 2015. Disponible en: http://www.jabfm.org/content/28/Supplement_1/S1.short