La percepción que la sociedad estadounidense tiene de las personas sin techo se fundamenta en una colección de mitos y estereotipos que interfieren en los intentos de ayudar a quienes lo necesitan. El arraigo de estas ideas en la sociedad provoca que aquellos que querrían ayudar no estén dispuestos a hacerlo por el miedo infundado o porque creen que estas personas no merecen su ayuda. Desmentir estos mitos, estereotipos y suposiciones es el primer paso para poder solucionar el problema.

Estereotipos

Todos son drogadictos y alcohólicos

A pesar de que casi la mitad de las personas sin techo en Estados Unidos sufren o han sufrido alguna adicción, muchos no son drogadictos ni alcohólicos. La creencia contraria está tan extendida que incluso los albergues y centros de acogida se ven afectados y algunos obligan a todos aquellos que utilizan sus servicios a recibir orientación sobre el abuso de sustancias.

Todos son enfermos mentales 

La idea de que todas las personas sin techo son enfermos mentales engendra la creencia de que necesitan ser ingresadas en centros psiquiátricos en vez de recibir ayuda. Además, la asociación errónea entre enfermedad mental y violencia refuerza esta idea.

Entre el 30 y el 35% de las personas sin techo en Estados Unidos padecen una enfermedad mental, pero solo el 25% padece una enfermedad mental grave. Las personas con problemas de salud mental son más sensibles a sufrir alguno de los tres factores que pueden inducir a la mendicidad: pobreza, desafiliación y vulnerabilidad personal.

A su vez, la mendicidad intensifica los problemas de salud mental. El estrés de no tener hogar puede exacerbar las enfermedades mentales previas y fomentar la ansiedad, la depresión, la falta de sueño y el consumo de drogas

Todos son demasiado vagos para trabajar

El individualismo lleva a mucha gente a creer que quienes no tienen hogar no merecen ayuda, pues los consideran responsables de su situación. La mitad de las personas sin techo en Estados Unidos no tienen empleo, pero desempleo no es sinónimo de pereza. Muchos de ellos han perdido el trabajo por causas ajenas a su voluntad: reducciones de plantilla, enfermedad o edad.

Aquellos que cumplen con las condiciones necesarias para trabajar se encuentran con muchas barreras para conseguir empleo. Los prejuicios y los estereotipos conducen a la desconfianza y al rechazo de las personas sin techo por parte de las empresas.

También hay personas con trabajo durmiendo en la calle. Muchos no cumplen los requisitos para alquilar una vivienda o no ganan suficiente dinero para hacerlo. Algunas inmobiliarias o propietarios particulares exigen a los inquilinos tener ingresos que tripliquen el coste del alquiler.

Mitos

Mito: estar en la calle es el resultado de decisiones equivocadas

La mayoría de personas sin techo han perdido su hogar debido a alguna discapacidad, enfermedad, violencia doméstica o desempleo. Ninguna de estas circunstancias es una elección. Por lo tanto, es un error juzgarlas como tales.

Los niños y los adolescentes son especialmente vulnerables a estas situaciones. A lo largo de un año, 1,5 millones de niños estadounidenses viven un tiempo sin hogar. Por otra parte, hasta un cuarto de los adolescentes homosexuales en Estados Unidos serán expulsados de sus casas cuando sus padres o tutores descubran su orientación sexual. Los adolescentes homosexuales y bisexuales representan el 40% de las personas homosexuales sin techo. Los adolescentes transexuales son otro grupo en riesgo de expulsión por parte de los padres. Otras razones que los padres utilizan para echar a sus hijos son el sexo antes del matrimonio, el bajo rendimiento en el colegio o el embarazo. En algunos casos, no se trata de expulsiones sino de abandonos.

Para buscar una solución a la mendicidad es necesario entender el problema. Los mitos y los estereotipos únicamente lo simplifican e impiden entenderlo en su complejidad. Quizás el mayor mito sea creer que el problema no tiene solución. A pesar de que en Estados Unidos muchas comunidades han sufrido este problema durante décadas, también se ha avanzado mucho en los últimos diez años. Salt Lake City, Houston o Phoenix han reducido la población sin techo hasta un 70% durante este tiempo.

Al analizar el éxito de estas comunidades, uno constata que la clave para lograrlo es la misma en todos los casos. La estrategia llamada “Housing First” vertebra todos los esfuerzos hechos para solucionar el problema de la mendicidad. Este modelo, basado en la idea de que el primer paso para ayudar a una persona a salir de la calle es ayudarla a encontrar alojamiento estable, ha logrado resultados históricos en las comunidades donde se ha implementado.

Las antiguas medidas basadas en la criminalización de las personas sin techo y en el castigo y la recompensa no han dado ningún resultado. El problema no es la persona y sus decisiones sino las circunstancias que no ha elegido.

 


Fuentes originales:
https://soapboxie.com/social-issues/homelessness-myths-misconceptions
http://rethinkhomelessness.org/the-four-biggest-misconceptions-about-homelessness/
http://homelesshub.ca/about-homelessness/topics/mental-health