La integración de la salud mental en la atención primaria se articula en forma de estructuras y procesos comunes para una atención más eficiente y efectiva, y que también contribuye a reducir los costes económicos de esta prestación. El artículo realiza una revisión de los modelos de integración implementados en Estados Unidos, y toma como base del análisis el estado de Texas.

La atención primaria es la principal vía de acceso de las personas que buscan tratamiento a un posible problema mental. Según datos de la Encuesta Nacional de Comorbilidad de los Estados Unidos, el 41,1% de las personas con un trastorno mental recibieron tratamiento en los últimos 12 meses y el 56% de los cuales fue tratado en centros de atención primaria. Sin embargo, los autores han determinado que solo el 12,7% de las personas atendidas recibieron un tratamiento adecuado.

Hay autores que estructuran la atención en cinco niveles de integración: colaboración mínima, colaboración a distancia, colaboración básica presencial, colaboración estrecha en un sistema integrado parcial, y en un sistema integrado completo.

Los dos primeros niveles presentan limitaciones en el flujo de comunicación, especialmente alrededor de comorbilidades de salud mental y de salud física. La colaboración básica presencial sucede cuando los profesionales de salud mental y de atención primaria forman parte de sistemas separados, pero comparten una misma instalación e infraestructura.  En esta fase, la proximidad de los profesionales permite más comunicación, pero cada uno permanece en su cultura profesional.

En el cuarto nivel, los profesionales comparten las mismas instalaciones y tienen algunos procesos y sistemas de trabajo comunes como la programación de las visitas o los historiales clínicos. Hay una sensación de formar parte de un equipo amplio. En el quinto nivel de integración, los profesionales de salud mental y de atención primaria forman parte del mismo equipo y comparten una gestión de casos integrada. Como parte de la atención periódica en la atención primaria, el paciente recibe tratamiento en salud mental.

Otros modelos de integración consideran la importancia de las diferentes tipologías de pacientes, clasificados en grados de necesidad y riesgos de salud mental y de salud física: pacientes con necesidades o riesgos leves de salud mental y física, pacientes con un grado leve de necesidades de salud mental pero elevado en necesidades físicas; pacientes con necesidades importantes de salud mental y leves en salud física y; finalmente, pacientes con necesidades importantes tanto en salud mental como en salud física.

El artículo realiza una comparativa sobre la integración de dos servicios de Texas, en Estados Unidos. Ambas clínicas presentan una estrecha colaboración entre profesionales en un sistema integrado parcialmente. Mientras hay una comunicación fluida entre profesionales de atención primaria y de salud mental, sobre todo en el intercambio de historiales clínicos electrónicos, no hay ningún tipo de coordinación formalizada en la atención o en la gestión de los casos. Esta carencia limita la capacidad reactiva ante el cambio de las necesidades de los pacientes. En este sentido, para superar esta limitación, algunos estudios señalan  la necesidad de establecer el rol de un “manager de atención” responsable de la educación del paciente y de su inclusión en el tratamiento.


Fuente: Jolly JB, Fluet NR, Reis MD, Stern CH, Thompson AW, Jolly GA. Review of behavioral health integration in primary care at Baylor Scott and White Healthcare, Central Region. Baylor University Medical Center Proceedings, Abril 2016. Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4790545